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Narcisismo cultural: no somos tan importantes…

Empiezo mi reflexión con una pregunta ¿el egocentrismo y el amor son compatibles?
Personalmente, no concibo ninguna clase de amor que se base en reclamarlo, porque mientras que lo estás solicitando, no lo estás dando, sólo lo estás pidiendo para un fin propio e individual, y en el pedir está el recibir, el tomar, querer o desear, y también necesitar. Pero este tipo de amor no es verdadero, o en todo caso es amor autocomplaciente, porque el que reclama solo quiere llenarse de él mismo: es el narcisismo o la actual cultura del yoismo.

Nos han educado para tener la necesidad de inflar nuestro ego, de recibir adulaciones de los demás, tenemos una necesidad incontrolable de recibir admiración y reconocimiento, porque nosotros mismos nos sentimos carentes.

El XXI es el siglo narcisista, ya lo dijo Gilles Lipovetsky, en su libro “La era del vacío”. Construimos nuestra vida en base a la exteriorización del yo, sumidos en el consumismo y capitalismo hedonista. Nos da igual destruir el lugar donde vivimos, llenar la tierra de basura y contaminarla completamente. Hay una pérdida de sentido, en vidas basadas en el tener y no en el ser, ¿y esto es progreso?.

Realmente todo esto viene del propio vacío interno, ya que en el momento que ponemos nuestra felicidad en la necesidad de tener que recibir algo de los demás, estamos abriendo la brecha de la dependencia. Si valoramos al otro en función del grado en el que nos está satisfaciendo, a parte de estar instrumentalizando al otro, estamos colocando nuestra felicidad fuera de nosotros, y así entramos en un círculo vicioso, ya que siempre vamos reclamando algo que el otro nunca podrá darnos. El de fuera nunca podrá llenar nuestro vacío, no podemos utilizar a nadie para cubrir nuestras carencias: ese es un trabajo de cada uno. Cuando nombramos a una persona como la responsable de nuestra felicidad, la estamos utilizando o instrumentalizando, y eso es violencia.

Ninguna persona, ningún ser debe ser un instrumento para nuestra satisfacción egocentrista. Cada cual debe buscarse así mismo, detectar sus carencias, encontrar su sentido, y hallar en él mismo su felicidad. Pero nadie te puede dar, ni te puede quitar la felicidad, es algo interno, no se puede otorgar, es un auto-regalo inconmensurable y personal.

La violencia de género empieza ahí, (y el ladronicio también), en el poseer y ser poseído. Tanto la víctima como el victimario son cómplices del mismo pensamiento. Es el sentimiento inherente de escasez que nos domina, de no tener y la pulsión de poseer. Y esto está ligado también a la cultura narcisista del “yo”, un yo que hemos construido socialmente basado en el miedo, un miedo a “no tener”, y ese no tener, da lugar a querer poseer, por ejemplo poder, dinero, éxito, reconocimiento de los demás, etc. Es el ansia de querer llenar un vacío con posesiones (materiales o personales), el que lleva a creer que esas circunstancias proporcionaran felicidad. Pero al poseer, la persona no encuentra ningún alivio, porque realmente, ninguna posesión externa nos podrá traer la gran preciada felicidad, por lo que siente el afán irrefrenable de seguir poseyendo. Y cuanto más anhela y pretende retener, más miedo siente a la pérdida de su tenencia, por lo que el círculo vicioso nunca para.

Es la pescadilla narcisista que se muerde la cola, y seguiremos inmersos en nuestra propia destrucción, hasta que no nos demos cuenta que el mundo es mucho más grande que nosotros, que no somos ni mucho menos el centro del universo y que afortunadamente NO SOMOS TAN IMPORTANTES. Nuestra obligación como humanos es dejar de ser tan individualistas, y ser conscientes que debemos servir a un fin más grande que nosotros mismos: en nosotros está descubrir ese fin común, colectivo y generoso de darnos a los demás.

Artículo original escrito por: Gloria Barba

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